Guía de La Habana
El Floridita: la cuna del daiquirí y el bar de Hemingway
A diez minutos a pie de Refugio 204, en la esquina de Obispo y Monserrate, hay un bar de fachada rosada que lleva más de dos siglos sirviendo tragos. Se llama El Floridita, lo bautizaron «la cuna del daiquirí» y fue el rincón favorito de Ernest Hemingway. Esta es su historia, contada al detalle.
Dos siglos de historia: de «La Piña de Plata» a «El Floridita»
El local abrió sus puertas en 1817 con el nombre de La Piña de Plata, en pleno corazón del casco antiguo amurallado de La Habana. Con los años pasó a llamarse La Florida y, por el cariño de los habaneros, el diminutivo se quedó para siempre: El Floridita. Pocos bares del mundo pueden presumir de haber servido sin interrupción durante más de doscientos años.
Constante, el catalán que perfeccionó el daiquirí
El salto a la leyenda llegó de la mano de Constantino Ribalaigua Vert, «Constante», un cantinero catalán que empezó tras la barra a principios del siglo XX y acabó siendo dueño del lugar. Constante era un perfeccionista obsesivo: exprimía la lima a mano, colaba el jugo, medía cada gramo de azúcar. A él se le atribuye haber llevado el daiquirí a su forma más célebre, el daiquirí frappé, batido con hielo finísimo hasta quedar como nieve.
El daiquirí: de una mina cerca de Santiago a la copa
El trago no nació aquí, sino en el oriente cubano. Su nombre viene de Daiquirí, una playa y zona minera cerca de Santiago de Cuba, donde a finales del siglo XIX un ingeniero estadounidense, Jennings Cox, mezcló ron, lima y azúcar para refrescar a sus visitas. Pero fue en El Floridita donde el daiquirí se refinó y se hizo mundial. Constante creó variantes numeradas —del Daiquirí n.º 1 al n.º 4— jugando con el marrasquino, la toronja y el modo de batirlo.
Hemingway y el «Papa Doble»
Ernest Hemingway vivió cerca de veinte años en Cuba y convirtió El Floridita en su segunda casa. Pedía un daiquirí hecho a su medida: doble ración de ron, sin azúcar, con jugo de toronja y un toque de marrasquino. La carta lo recuerda como el «Papa Doble» o «Hemingway Special». A él se le atribuye además la célebre frase «Mi mojito en La Bodeguita, mi daiquirí en El Floridita» —aunque los historiadores discuten si de verdad la dijo, la leyenda ya es parte del bar.
El Floridita hoy
El bar sigue vivo, con su barra de caoba, sus cantineros de chaqueta roja y música en directo. En el extremo de la barra, donde solía sentarse el escritor, hay desde 2003 una estatua de bronce de Hemingway a tamaño real, obra del escultor José Villa Soberón: es hoy la foto obligada de todo visitante. Es turístico, sí, pero entrar, pedir un daiquirí helado y brindar junto a «Papa» es uno de esos rituales que resumen La Habana.
¿Dónde dormir cerca de El Floridita?
Desde Refugio 204 son apenas diez minutos caminando: baja hacia el Parque Central y, al llegar, El Floridita está justo al inicio de la calle Obispo, en la esquina con Monserrate. De paso verás el Capitolio y el Gran Teatro. Te recomendamos ir a media tarde, antes de que llegue el gentío de la noche.
Refugio 204 es una casa particular en pleno corazón de La Habana Vieja, a diez minutos a pie de El Floridita y a dos del Malecón. Cuatro apartamentos independientes, ideales para familias y grupos.